Yo soy la resurrección y la vida, dijo tras resucitar a su gran amigo Lázaro de Betania. |
Jesús López Sandoval
El versículo de Juan 11:25 precede a un milagro de Jesús que maravillara
a propios y a adversarios, es decir, de manera especial se hará sentir el poder
de Jesús de Nazaret, transformando la materia ya corrompida ante la carencia de
vida humana.
Se recuerda que la hermana del
difunto Lázaro le aclaró que ya llevaba tres días de muerto, sin embargo, Jesús
se manifiesta en este versículo 25 como el dueño de la vida, como la persona
divina que puede interrumpir las leyes de la naturaleza, como el ser ante quien
no existe lo imposible y por cuya fe en él se alcanza la vida más allá del
tiempo.
Este versículo 25 será vital para levantar la murmuración de las autoridades
judías que cerradas en su entendimiento, no alcanzaban a comprender aquella
acción de Jesús cuando le devuelve la vida a su amigo Lázaro.
"Te he dicho que quien cree en mí no morirá eternamente, porque yo
soy la resurrección y la vida", frase que da al traste con la mirada de
los jefes religiosos y políticos que lo consideraban un simple mortal
escandaloso.
Es en el versículo 26 en donde viene la cuestionante para aceptar vivir
o no eternamente. ¿ Crees esto?, por supuesto, las hermanas de Lázaro confiaban
en su amigo y obtuvieron como obsequio la evidencia de la promesa mirar a su
hermano acaecido 3 días antes, salir del sepulcro por su propio pie ante el
pase de lista que le hizo Jesús: "¡Lázaro!, sal afuera".
Este pasaje bíblico ha de
enseñarnos que la confianza en Jesús no se termina al culminar nuestros días en
este mundo sino que se prolonga mucho más allá, con la misma fe de nuestros
familiares.
Tengo entendido, que para los testigos de Jehová quien les da la vida eterna es Jehová y no Jesús.
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